Hay algo casi sagrado en el equilibrio.
No ese equilibrio falso de las apariencias o de las palabras diplomáticas, sino el equilibrio real, profundo, que nace del enfrentamiento entre lo que uno tiene y lo que debe, ese equilibrio que uno aprende no cuando todo va bien, sino cuando el viento ruge y la estructura tiembla. Ahí, en esa frontera invisible, es donde habita la contabilidad, y más allá de sus cifras frías, hay una verdad que late, todo lo que posees ha venido de alguna parte, y esa procedencia, esa fuente, lo dice todo sobre ti.
A eso lo llamamos activo, pasivo y patrimonio. Pero no son solo conceptos, son personajes en una historia que todos —personas, empresas, países— vivimos a diario.
Seguir leyendo →