Literatura

El álbum invisible

Tales y Talita

Hay días en los que el silencio pesa más que el ruido del mundo, días en los que el tiempo no avanza, solo se queda ahí, detenido en los bordes de una escena que no necesita fotografía para ser eterna, mi hijo al piano, sus dedos firmes y sensibles tocando una pieza, mientras yo lo observo desde el fondo de la sala, sintiendo que algo dentro de mí se quiebra de ternura, o mi hija, cuando era pequeña, dibujando con una precisión que parecía heredada, como si de mí hubiese tomado no solo los gestos, sino también esa necesidad de traducir el mundo en líneas y formas.

Mis hijos mayores fueron mi primer amor real, no el romántico, ni el idealizado, sino el amor que transforma, que sacude, que te hace quedarte despierto cuando ya no hay fuerzas, el amor que te obliga a ser mejor aunque falles. Ellos, sin saberlo, me enseñaron a ser padre, y a veces, cuando la noche cae, me pregunto si alguna vez fui suficiente para ellos.

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Literatura

Entre dos fronteras

A mi padre, días antes de su partida

La muerte, para muchos, es un visitante inesperado, un ladrón que irrumpe sin previo aviso, arrancando de raíz lo que parecía eterno, para mí no es eso, no la veo como una sombra que acecha ni como una tragedia que se cierne sobre el vivir, para mí la muerte es una certeza serena, una presencia constante que danza a la par del latido, inevitable como el amanecer, tan natural como el ocaso.

Sin embargo, hay momentos en los que su proximidad se siente diferente, más pesada, como si su aliento tibio rozara los días, mi padre, ese hombre que fue y sigue siendo mi norte, el cimiento sobre el que mi familia construyó su mundo, se encuentra en esa frágil línea entre este mundo y el otro, si es que existe realmente como nuestras creencias nos enseñaron. Saber que su partida es inevitable no es una epifanía ni un golpe repentino, es más bien una marea que se eleva lentamente, una ola que he aprendido a observar con el corazón dividido entre el pesar y la gratitud.

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Literatura

El precio de la eficiencia

A veces pienso que la vida laboral en la que me he sumergido es como una catedral a medio construir, desde fuera parece majestuosa, sólida, un lugar donde cualquiera querría permanecer, pero dentro no hay más que andamios, polvo y un ruido constante que no deja escuchar nada más. La universidad me prometía progreso, un horizonte claro, y lo que me ha entregado es una sucesión de días interminables donde el trabajo se multiplica como una sombra insaciable, jornadas que van mucho más allá de las que corresponden, porque hay que dejar bien el nombre, porque nos repiten que la eficiencia es virtud, aunque esa palabra… nos esté devorando la vida.

He visto cómo otros ascienden con una facilidad que no obedece del todo al mérito, sino a una cercanía invisible, y yo, con mis indicadores impecables, permanezco en la base de la pirámide, atendiendo reclamaciones que parecen no tener fin, preguntándome en silencio si acaso este es el destino al que debía llegar después de tantos años de estudio, de esfuerzo, de una carrera que en teoría debía abrir puertas y no cerrarlas, al menos de momento.

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Literatura

Entre el rechazo y la fe

Valentina

Cuando uno trabaja en una revista cultural, aprende rápido que la cultura es en el mejor de los casos, un chiste contado por gente que se cree demasiado importante para reírse, mi trabajo consistía en rechazar manuscritos con la precisión de un cirujano sin licencia, pero con el talento de un verdugo, descubrí que la clave del éxito era escribir cartas de rechazo tan diplomáticas que los autores se sintieran honrados de haber sido despreciados, era como darles una medalla por participar, pero en lugar de medallas, les entregaba migajas de su propia dignidad.

Fue en este oficio de ajusticiamiento literario que conocí a Valentina, era cristiana, pero no de las que rezan bajito y reparten estampitas, no, era del tipo que podía citar la Biblia y, minutos después soltar una sarta de lisuras si te lo merecías o no, mirándote fijamente con sus ojos claros, no fumaba ni bebía, pero su boca era un campo de batalla donde la fe y el más puro desenfado lingüístico peleaban a muerte.

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Literatura

El verdadero castigo no es morir, es pasar la vida olvidando como vivir

Escrita desde las decepciones laborales

Hoy me vi en un sueño, pero no era yo mismo en la febril lucha diaria por mantenerme a flote, no era yo corriendo tras obligaciones, ni desgastándome en preocupaciones mezquinas, ni siquiera era yo evocando el recuerdo persistente—esa presencia lejana, esa herida que nunca se cierra del todo—, no, en este sueño yo ya había descendido a la tierra fría, había cruzado el velo con la resignación apacible de quien finalmente ha sido liberado de todas las exigencias. Y ahí estaba, muerto, ¿alivio? quizás, ¿desconcierto? también, pero lo más perturbador —y quizás lo más fascinante— fue ver la fecha exacta de mi muerte, grabada con una ironía elegante en un camposanto en Huachipa.

La fecha me miraba con desdén, y entonces me asaltó una pregunta inevitable, ¿qué harían las personas si supiesen cuándo será su último día con vida?, ¿se aferrarían a la desesperación o a la dicha?, ¿se redimirían con actos de amor o de egoísmo?, ¿buscarían perdón, placer, olvido?, ¿abrazarían más o se despedirían antes?, el saber lo cambia todo, porque al ponerle fecha a la eternidad, cada momento adquiere un peso insoportable.

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Literatura

Franco

Era un día cualquiera del año 2019, uno de esos días que no prometen grandeza, pero terminan grabándose en la memoria por lo absurdamente cotidianos que resultan. Había ido a visitar a mi papá, y todo marchaba bien hasta que la llanta de la camioneta decidió rendirse. Ahí estaba, pinchada, desinflada, caída en el suelo como un boxeador sin aire, claro, contaba con una llanta de repuesto, pero la verdadera tragedia no era esa, el problema era el gato, ese artefacto mecánico que venía de regalo con la camioneta, un instrumento que, con su nombre engañosamente felino, prometía agilidad, pero entregaba puro sufrimiento.

Ya había lidiado con este artefacto antes en un par de ocasiones que preferiría borrar de mi memoria, sabía que esta vez no sería diferente, ahí estaba yo, parado junto a mi camioneta, contemplando y pensando que tal vez este momento era una metáfora perfecta de mi vida: herramientas insuficientes para resolver problemas inevitables, mientras intentaba descifrar cómo sacar algo útil de ese trozo de metal infame, escuché la voz de Franco: «¡Vecino!»…

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Literatura

Cuando la amistad se convierte en recuerdo

U.I.G.V. 1995 – Contabilidad y Finanzas

El tiempo con su paso inclemente, arrastra consigo los rostros, las voces y las historias que alguna vez parecieron inquebrantables, a los diecisiete años, la vida era una explosión de certezas, estaba enamorado de Gabriela desde hace un par de años atrás, una pasión primigenia, tan intensa como inexperta, el tipo de amor que se cree eterno simplemente porque no conoce aún la erosión del tiempo, de esos amores jóvenes que terminan y vuelven a empezar a las semanas o meses.

A esa misma edad la universidad me abrió sus puertas con la promesa de un mundo vasto y desconocido, fue un año de primeras veces y de secretos que nadie me advirtió que se acumularían en la memoria. En aquellos momentos donde mi relación con Gabriela se rompía por largos periodos, me deslicé por encuentros fugaces, besos robados en corredores solitarios, promesas de madrugada que se desvanecieron con la luz del día. Dos señoritas fueron parte de esa transición, dos corazones que intentaron rozar el mío sin intención de quedarse, ni de ser más que un capítulo breve en mi historia, amores de paso, brisas ligeras que se disipaban antes de que pudieran ser tormentas.

Y entonces, estaba Elsa…

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Literatura

La marea del tiempo

Enrique y Valentina

               Hay vidas que se cruzan como barcos en la noche, fugaces, mudas, dejando apenas una estela que se disuelve en la primera luz del día, y hay otras más escasas, más hondas, que incluso después de haber naufragado en mares distintos, siguen navegando en las aguas interiores de la memoria, ancladas en un puerto que no aparece en ningún mapa, salvo en el alma. La nuestra —la suya y la mía— pertenece sin duda a esa segunda categoría.

No podría señalar el instante exacto en que la conocí, y tal vez eso diga más de su importancia que cualquier precisión. Las cosas que de verdad nos transforman no irrumpen con redobles ni anuncios, se filtran como la niebla del malecón de Miraflores, que se cuela sin permiso y de pronto lo cubre todo, hasta que descubres que ya no puedes, ni deseas regresar a la claridad anterior.

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Conceptos Básicos, Contabilidad

¿Qué es la contabilidad? — Un relato desde el orden invisible del mundo

Hubo un tiempo, más allá del bullicio de las ciudades y antes de que existieran las grandes corporaciones, en el que el simple acto de intercambiar un saco de trigo por dos cántaros de aceite requería algo más que confianza. Requería memoria, y donde la memoria fallaba, apareció algo mucho más potente, la necesidad de dejar constancia.
Ahí nació, de forma silenciosa y casi inadvertida, la contabilidad.

No surgió como una ciencia exacta ni como un producto del capitalismo moderno, surgió como un acto casi poético del orden: una lucha contra el olvido, en tablillas de barro cocido, en marcas talladas sobre hueso o madera, el ser humano comenzó a escribir el rastro de sus transacciones, quizás sin saber que estaba forjando uno de los lenguajes más poderosos del mundo. Un lenguaje sin adjetivos, pero lleno de consecuencias, uno que no se pronuncia, pero que da forma a las decisiones más trascendentales de nuestra vida económica.

Conceptos Básicos, Contabilidad

La Partida Doble: el equilibrio invisible de la contabilidad

Hay una regla silenciosa que atraviesa todo lo que hacemos en el mundo económico, y rara vez la notamos, no está escrita en piedra, pero es tan poderosa como la gravedad.
Es la ley del equilibrio, y dentro del universo de la contabilidad, esta ley tiene un nombre antiguo y perfecto: la partida doble.

No nació ayer, nació cuando el ser humano, perdido entre el trueque y la incertidumbre, comenzó a darse cuenta de que nada sucede sin que algo más se altere. Que toda acción económica deja dos huellas, no una. Que cada vez que algo se gana, algo se entrega; que no hay movimiento sin reflejo, ni entrada sin salida.

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